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Durante este proceso se crearon los bancos centrales de las distintas potencias, quienes eran los encargados de emitir dinero en función de la demanda de las personas por convertir su oro en moneda. Porque, recordemos, cuando un banco emitía esos billetes sabía que a partir de ese momento cualquiera de sus clientes podría hacer acto de presencia y reclamar su porción de oro, exigiendo el cambio de papel dinero por la correspondiente cantidad de oro. Así que los bancos, muy comprensiblemente, se guardaban de emitir dinero sin control; al contrario, trataban de mantener un relativo equilibrio entre el dinero que ya habían emitido y sus propias reservas de oro.

Recapitulemos entonces. Los bancos emisores iban sacando billetes conforme crecían sus reservas de oro. Si un banco ignoraba esta regla y emitía demasiados billetes que no estaban respaldados por oro, se le retiraba la confianza y por lo tanto su oro, y en el peor de los casos, tenía que cerrar.

Así que en este punto tenemos un dinero mundial que mantiene su valor estable a lo largo de las décadas. Este hecho tuvo 2 importantes consecuencias:

  • Los precios se mantenían estables. Es decir, la inflación era insignificante ya que la cantidad de oro que entraba en los bancos anualmente no era exagerada.
  • Los tipos de cambio eran estables, lo cual era una bendición para el comercio internacional.

Dado que la inflación, el gasto público, unos bancos emisores y el tipo de cambio estaban todos bajo control, la tranquilidad económica era tal que prosperar económicamente era lo esperable.