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Al principio, solamente los usuarios del foro en el que había escrito Satoshi Nakamoto utilizaban Bitcoins. Medio en serio, medio en broma. Se llegaron a comprar pizzas por una cantidad ahora impensable de Bitcoins. Poco después, el bitcoin obtuvo atención en un ámbito del que Satoshi no estaba muy orgulloso: la Dark Web. La web oscura, el mercado negro de internet. Pero esto sirvió para que la primera ola de usuarios reales la utilizaran y probó también que la moneda funcionaba en en el mundo real con transacciones reales. Con esto, la segunda ola de usuarios llegó, y estos buscaban separar algo de sus ahorros de los peligros de las inversiones tradicionales para que no se devaluaran con el tiempo, disparando el precio del bitcoin en 2013 hasta valer casi lo mismo que una onza de oro.

Con el paso del tiempo, ciertas instituciones y gobiernos progresistas comenzaron a escuchar sobre Bitcoin, considerarlo como un activo y a hablar de él, y la siguiente ola de usuarios especuladores lo elevó hasta el precio de 20 mil dólares.

Actualmente existen auténticos mastodontes de empresas, valoradas en miles de millones de dólares, a su vez con miles de millones de dólares invertidos, que se dedican a minar bitcoins, con un tipo de ordenador denominado ASIC (Application-Specific Integrated Circuit, o Circuitos Integrados de Aplicación Específica). Básicamente son ordenadores especializados en hacer el tipo de cálculo necesario para el algoritmo de Hash (sha-256) y así optimizar el coste electricidad/computación.